Es Nuestro mar, es nuestra gente ... por Paula Valenzuela
Las chicas en el Maui Girl Surf Trip a Porto Fino (Foto: Max Petit)
En Septiembre del año pasado, junto a una prima, partimos en un viaje de surf al norte. Era la segunda vez que iba y además de disfrutar de las olas de Porto Fino, tuvimos la suerte de conocer la ternura de la María. Nos quedamos en Villa Alegre, cerca de su “casa”. Luego de surfear volvíamos a comer y compartíamos con ella; así conocimos su historia ...
La María.
La María ha estado por más de veinte años en el norte. Antes, vivía de la pesca y algas, pero ahora está más viejita, por lo que se ocupa de limpiar la playa y reciclar. Compartiendo con ella fuimos testigos de las básicas condiciones en las que vive. Está sola y muchas veces pasa hambre y frío. Fue muy lindo compartir con ella, pero también doloroso.
Así vivía la María, y más de una vez le habían robado (Foto: M.J. Arellano)
Siempre he sentido ganas de ayudar a los demás, pero como muchos, no encontraba el momento, tiempo o los amigos que me acompañaran. Pero en realidad sabía que lo que más me faltaba era la motivación. El tiempo pasaba y la inquietud de ayudar seguía en mí, pero no me detenía a escucharla, había cosas que parecían más entretenidas e importantes que hacer.
De izq. a der. Mery, Paula, Carla y María Jesús (Foto: M.J. Arellano).
El fin de semana con la María pasó, y comprendimos que el momento para solidarizar con otros había llegado. Optamos por la acción en vez del lamento y así fue como nació: “Un Techo para la María”. Estábamos motivados y seguros, por lo que creímos que reunir las lucas necesarias para construirle un hogar a la María sería fácil. Pero no fue así, sumar a otros surfistas a la idea fue más difícil de lo que imaginábamos.
La María compartiendo con las chicas (Foto: M.J. Arellano).
Todos estamos ocupados, preocupados con nuestros problemas. Es difícil tomarse el tiempo de ir al banco a depositar una donación o de hacerlo a través de Internet. Nos frustramos, y por un momento, pensamos que nuestro proyecto no se podría llevar a cabo. Pero no nos desanimamos, y como surfistas, recurrimos a nuestros valores.
La María estaba muy feliz con nuestra llegada. (Foto: M.J. Arellano).
Recordamos los meses que nos demoramos en dominar la tabla, cuantos intentos y “pagones” para poder correr una ola. Comprendimos que el surf es mucho más que un deporte, es nuestra pasión y una enseñanza de vida, una manera de mirar el mundo desde otra perspectiva. El surf nos ha entregado humildad y perseverancia. Nos ha enseñado a confiar en que si uno se esfuerza los resultados llegan en el tiempo debido.
La María no se quedó mirando, manos a la obra! (Foto: M.J. Arellano).
Con nuevas fuerzas seguimos trabajando. Organizamos campeonatos, fiestas, rifas y cajitas para recolectar dinero. Finalmente, con el esfuerzo de nuestros amigos y familiares juntamos la plata necesaria para la casa y partimos al norte. Amigos y surfistas, todos fuimos con un mismo objetivo: ayudar a la María.
Cama y colchón nuevo pa la María! (Foto: M.J. Arellano).
Fue todo un éxito! Luego del fin de semana, la María ya no es la misma. Ahora tiene una casita con cama, sábanas y velador. No va a pasar más frío y tiene un lugar en donde recibir familiares y amigos. Nosotros tampoco somos los mismos; pues aprendimos que cuando la motivación carece y sobra el cansancio, hay que seguir esforzándose, aún si las cosas no resultan. Debemos recordar el surf, los años que llevamos remando en contra de la corriente y porqué lo seguimos haciendo.
Finalmente pudimos regalarle una nueva casa a María. (Foto: M.J. Arellano).
Lo hacemos porque sabemos que lo que esa ola que viene nos regalará, lo vale!. Así como correr una ola, juntar la platita para la casa de la María no fue cosa fácil, pero nos entregó una gran recompensa.
La María participó todo el rato, hasta bailó! (Foto: M.J. Arellano).
Quiero devolverle al mar, a la naturaleza y a su gente todo lo que me han entregado. Hermosos atardeceres en el agua, perfectas olas, interminables sesiones con amigos. Experiencias que solo un surfista puede entender. Es hora de que nos inspiremos para trabajar como grupo y para juntar granitos de arena que lleguen a formar proyectos como éste. Planes en protección de nuestro mar y de nuestra gente. Para esto debemos seguir remando todos juntos, sin excepción, aunque sea difícil. ¡Recordemos que somos surfistas, una de las cosas que mejor y con más fuerza hacemos, es remar!